
Los cambios en las actitudes de la crianza infantil han llevado a muchas personas a estremecerse ante el hecho de un castigo físico, y la culpa correspondiente, en la educación de sus hijos. La nueva idea es a criar a tus hijos como tus iguales. Un padre debe ser el mejor “amigo” de su hijo; la madre debe ser la mejor compañera de su hija. Pero, en el proceso de controlar sus emociones, los padres se vuelven bastante indiferentes. Ya no son, de hecho, verdaderos padres, solo cohabitan con sus hijos. Los hijos, ahora sin una auténtica guía adulta, se vuelven a sus colegas en busca de sus valores. Esta es, por tanto, ¡la superficial y televisiva familia!
El escape de la libertad frente a la obligación es particularmente obvia aquí: es una conformidad autómata. Esta era una de las principales preocupaciones de Fromm y parecía ser un presagio del futuro.
Pero nuestras familias la mayoría de las veces sólo son un reflejo de nuestra sociedad y cultura. Fromm enfatiza que bebemos nuestra forma de sociedad con la leche de nuestra madre. Es tan cercana a nosotros que con frecuencia olvidamos que los mecanismos de nuestra sociedad son tan sólo algunas de las múltiples vías de lidiar con las cuestiones de la vida. Muchas veces creemos que la manera en que hacemos las cosas es la única forma; la forma natural. Lo hemos asumido tan bien que se ha vuelto inconsciente. Por esta razón, en muchas ocasiones creemos que estamos actuando en base a nuestro propio juicio, pero sencillamente estamos siguiendo órdenes a las que estamos tan acostumbrados que no las notamos como tales.
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(Ilustración de Michael Kirkham)
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