miércoles, 17 de diciembre de 2014

MEDITACIÓN


Siéntate quieto y desconéctate de las actividades normales.
Extrae energía de la tierra,
admite el poder de los cielos.
Fertiliza la semilla interior;
déjala brotar en una flor de pura luz.
Y deja que la luminosidad abra la parte superior de tu cabeza:
Luz divina entrará a raudales.
Tu mente está vacía.

La luz se filtra en tu cuerpo entero,
sentado con las piernas cruzadas, con las manos sujetas,
como tratando de abrazar la brillante inundación,
tu piel se vuelve transparente.
¿Cómo puede un saco de piel contener magnitud divina?
Tus últimos vestigios arden en un torrente de infinitud.

Regresas sólo después de un tiempo indeterminado.
Carne, sangre, huesos.
¿Te habías ido? ¿O no estuviste nunca aquí en primer lugar?
¿Dónde está el torrente?
No se ha ido;
sólo te has cerrado a él una vez más.


(¿ ?)




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