
El 7 de abril de 1506 nació en el Castillo de Javier en Navarra, Francisco de Jaso y Azpilicueta, profesor de la Sorbona, cofundador, bajo la dirección de Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús.
Era atlético, guapo, inteligente y envidiado por todos los alumnos. En unión de Ignacio de Loyola y otros alumnos fundan una sociedad que pasa a ser motivo de risas del resto de los compañeros, hasta el punto de que alguien escribe en la puerta de la sala donde se reunían: “Sociedad de Jesús”. En lugar de sentirse ofendidos, adoptan el nombre. Es a partir de ahí que Francisco empieza un viaje sin retorno.
Va con Ignacio a Roma, y le pide al Papa que reconozca la “sociedad”. El Pontífice acepta encontrarse con los estudiantes y les da su aprobación. Francisco –que se moría de miedo al tener que viajar por mar– parte solo para Oriente, imbuido de lo que considera su misión. En los siguientes diez años visitará África, la India, Sumatra, Molucas, Japón.
Aprenderá nuevos idiomas, visitará hospitales, prisiones, ciudades y aldeas. Escribirá muchas cartas desde estos lugares. Comenta en ellas la necesidad de llevar una palabra de coraje y esperanza a los que son menos favorecidos.
Muere lejos de su aldea y es enterrado en Goa. En una época en la que el mundo era inmenso, las distancias, casi insuperables, los pueblos vivían en guerra, Francisco creyó que debía considerarlos como una aldea global. Supera su miedo al mar, a los navíos, a la soledad, porque ha encontrado un sentido a la vida. No sabe, mientras camina por Oriente, que sus pasos jamás serán olvidados y que todo lo que plantó dará frutos.
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