Antes de que llegara el mal tiempo nos fuimos a la montaña y ocurrió que soplaban rachones de viento fuerte, fuerte. Hicimos un alto y nos acomodamos en un hueco entre las piedras a resguardo del aire. Mirando hacia las alturas de la pared de piedra que teníamos detrás me habló esto el amo: “Tillo, eso que oyes no es el aullido del viento al cortarse con las rocas de la cumbre, es la música que interpreta la Naturaleza aquí desde hace millones de años..”
Y yo pensé: Guau..!
Son las ocurrencias de este alma rota que una vez me dijo: “Escucha y disfruta el silencio, chucho. Es lo único que había antes de llegar esta calamidad llamada ser humano y lo único que quedará cuando este animal se extinga a sí mismo y a su entorno en este trozo de mineral volante que viaja por el Espacio”.
Esas son sus cosas.
Sin embargo, en nuestra casa, algunos días enciende una pantalla con imágenes donde las figuritas corren detrás de una pelota, como hago yo en el campo, pero con un ruido tremendo de gente dando voces. Ahora, el listo de mi amo, no se acuerda de la Naturaleza ni del sonido del Universo, ni de que la sensibilidad de mis oídos es muchísimo mayor que la suya y que para mí ese estruendo es casi insoportable. No me voy al patio a mi casita y lo dejo solo por si me llama para acariciarme, no sea que para una vez que se le ocurra hacerlo yo no esté.
Aunque la verdad es que me parece que no hay amo perfecto, perfecto, y que según tengo oído al cascarrabias de mi dueño su papá le decía que hasta el tren era mentira. Por algo lo diría el hombre...
Feliz año nuevo y si tenéis perro no le castiguéis demasiado sus oídos...!
-S&T
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