
Málaga, junio de 1.997
Connotativamente el término "maestro" inspira respeto y calidez. En Oriente, una de sus acepciones es: "el que debe ser imitado". Es decir el que actúa correctamente sin renunciar a sí mismo formándose y formando hacia lo perfecto, hacia la altura moral propia y por ende, también de los que se miran en él. No reprimiendo sino convenciendo. Enrique Rojas dice: "Educar a una persona es entusiasmarla con lo mejor". No es difícil estar de acuerdo. El problema puede ser cómo enseñar a vivir, a encontrar el lugar propio y respetar el ajeno teniendo en cuenta la saturación de estímulos audiovisuales que padece el alumno. Hay que seducirlos en definitiva y a través de ellos involucrarnos a los padres en ese amor al conocimiento que los elegidos, los que mantenéis la pureza de la antigua palabra "maestro" vais sembrando. Es evidente el respeto por el entorno y el amor a la naturaleza que ya estos jóvenes defienden con entusiasmo cuando encuentran personas cualificadas que los guíen con la certeza que usted ha demostrado en este tiempo.
Del mundo que nos rodea llega constante un caudal de información que no podemos ignorar y que, a veces, contribuye poco a tranquilizarnos el alma. Cualquier intento de atisbar el futuro, de presentirlo, oscurece el ánimo. En este contexto, solo una esperanza ahuyenta estos sueños de la razón: no deben faltar jamás profesionales de la enseñanza que, como hemos observado en usted, mezclen con tanto equilibrio el amor a un oficio, la imaginación en su desempeño y el cariño por estos pequeños seres que avanzan a ciegas hacia su propio destino.
Con nuestro agradecido reconocimiento como padres de su alumna reciba un cordial saludo.
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