
Asistimos a un espectáculo sensacional, único en nuestras vidas: el florecimiento de un imperio. No se veía algo parecido desde inicios del siglo XX, cuando el imperio industrial americano y el imperio onírico soviético irrumpieron en el mundo. China es el nuevo fenómeno planetario. El futuro. Podemos ignorarlo, por supuesto; no hay problema, basta con que consumamos sus productos.
La cosa china es demasiado obvia, demasiado extensa, demasiado duradera. Empezamos a percibir su sombra (Darfur, Birmania), sus pisadas (Nepal), su apetito (el consumo fabuloso de materias primas), pero se nos escapa la morfología detallada de la bestia. No nos es familiar. Uiguristán nos resulta tan exótico como Nueva Jersey a nuestros abuelos.
El prodigio chino estalla demasiado lejos. Es posible que la gran noticia de nuestras vidas sólo sea apreciada por nuestros hijos.
-Eric Gonzalez en EL PAÍS
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