
"Uno de los mayores tópicos soltados por mujeres desde hace decenios –también por varones a los que esas mujeres convencen y hacen cautivos– consiste en la idea de que los pobrecitos hombres ya no saben qué hacer ni cómo conducirse y andan acomplejados y desorientados. Es rara la entrevista con una actriz, escritora o cantante en la que éstas no expresen en algún momento su conmiseración, si no desprecio, por los integrantes del sexo masculino (...) Y cuando éstas repiten por enésima vez estas nociones trilladas, los varones no protestan ni se ofenden, y en cambio la mayoría de ellas ríen invariablemente la supuesta y novedosa gracia. Así que hoy nos encontramos con una situación curiosa: las mujeres pueden echar pestes de los varones en su conjunto sin que nadie se escandalice ni queje ni llame la atención a las denostadoras, mientras que cualquier chascarrillo equivalente por parte de un hombre le acarrearía perder su empleo (si es un profesor o un político, por ejemplo) o caer en el descrédito.
Pero no es este desequilibrio lo que me preocupa. Al fin y al cabo, durante siglos fueron los varones los que hicieron burla de las mujeres, los que las tildaron de tontas e incapaces y les negaron el voto y antes el alma.
Diga uno lo que diga sobre cuestiones concernientes a una parte u otra de la población femenina, salen mujeres furiosas de debajo de las piedras. Esto es lo que me parece más preocupante, porque empiezan a recordarme a los nacionalistas más fanáticos, los cuales sostienen que nadie que no pertenezca a su casta puede entenderlos (como si el nacionalismo fuera complejo), ni opinar, ni hablar de ellos. A lo cual hay que responder que no hace falta ser gallina para saber si un huevo está podrido. Sólo faltaría que la mitad de la humanidad no pudiéramos decir una palabra sobre la otra mitad, la que nos completa".
-Javier Marías en EPS
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